domingo, 9 de diciembre de 2007

Las zonas grises

No, no le pasa nada a su televisor, es que está entrando en...La zona crepuscular...Nino nino nino nino. Me encantaba esa serie, y además creo que nada como esa cabecera ha expresado mejor la entrada en una de esas zonas grises que a veces atravesamos.

Viene todo esto a que esta mañana me han llamado por teléfono y a la pregunta de qué había hecho he respondido alegremente "el carajote". Hacer el carajote. Todo vale ahí, desde la nada más absoluta a lo más maravilloso y sorprendente, en mi caso se acerca bastante más a lo primero. Sólo una regla para entrar en la calificación: no tiene que ser excesivamente importante, es decir, una operación a corazón abierto no entraría.

Otra situación que me fascina es aquella que inventó el pequeño comercio, ahora llamado comercio tradicional, que es el "estamos abriendo". Ya las puertas están de par en par, se ve actividad humana en el interior, moderada, tranquila, sosegada, como todo en el comercio tradicional, la hora es respetable, de hecho la mayoría de las personas respetables llevan horas trabajando, peeero, te asomas un poco y sólo está el/la comerciante tradicional, que al avistarte se vuelve parsimonioso y, sin ni siquiera una sonrisa, ya que aún no ha empezado su jornada oficialmente, te dice: "perdone, es que estamos abriendo", y sientes como una mano gigantesca te empuja hacia fuera...¿Qué harán en ese extraño impás en el que el tiempo se detiene para ellos? Misterio insondable.

Tan sólo comparable con otra expresión que jamás he entendido y que me resulta tan misteriosa como aquello que pretende representar: la "ropa de entretiempo". ¿Qué es eso? Es decir, partamos de ciertas bases, que alguien defina el entretiempo. Asumamos que un alma caritativa ha realizado esa hercúlea labor, en qué tratados se enumeran y describen aquellas prendas adecuadas para sobrellevarlo. Cúales deben ser sus atributos. Uy, esta camisa no, que no es de entretiempo. La prenda paradigmática es la rebequita. Cuántas veces hemos oído esa cantinela tan gaditana de "eshate una rebequita, quehta refrescando". Amo ve, qué tiene ese jerseicillo abierto para que sólo pueda ser usado en esa zona temporal difusa que es el entretiempo...

Hay tantas zonas crepusculares, seguiremos hablando de ellas. Entretanto si tenéis alguna no dejéis de continuar esta entrada. Dentro de poco entraré en otra: la sobremesa, inquietante.

1 comentario:

Anónimo dijo...

También incluiría en las zonas grises esas expresiones que dan por hecho que tu noción de espacio-tiempo es similar a tu interlocutor. Pero pocas veces coinciden esas nociones, sobre todo cuando no conoces muy profundamente a esa persona, o al menos, aún no has pillado su sistema horario.
Como ejemplo, pues cuando dicen "llámame después de la siesta". Uf, para dar con la hora justa y necesaria...debería saber a qué hora come esa persona, porque justo después del postre comenzará la siesta. También es importante saber si la siesta es de cabezadita en el sofá o de pijama y cama. Y la duración?? cuánto dura una siesta???...en fin, que me hago tantas preguntas para tan simple comentario, que acabo llamando a las 19:00 de la tarde...me parece ya una hora que no se incluye en los parámetros siestiles (en principio)..pero claro, aquella persona que me dijo eso de "llamame..." me protesta porque..."qué tarde me has llamado!!!"...y qué decir??...pues no se me ocurre otra cosa que: estaba en la zona gris.