martes, 4 de diciembre de 2007

El perro que parece un gato de lejos

Subíamos una cuesta, no demasiado difícil en sí misma, pero el hecho de que llevábamos un par de horas de tránsito la endurecía. Al final se divisaba un animal difuso, apenas esbozado.

-Mira el gatico.

-Es un perro.

-Teh'quillá, es un gato.

-¡Guau, guau!

Duda resuelta. Ante eso cualquier argumento resultaba inútil. El bicho le daba la razón a mi interlocutora. Unos cuantos jadeos despues efectivamente se definía un perro pequeño de mierda, blancuzco, de éstos que son unos tocapelotas insoportables. Definitivamente a veces las cosas no son lo que parecen. Y no tiene que ser fruto de un elaborado plan de ocultación, o de un burdo embuste, sino que simplemente depende de la perspectiva desde la que miremos y de nuestra predisposición a ver lo que deseamos y no lo que las cosas son.

Otros ejemplos son aquellos individuos que una vez fueron acertadamente definidos como "feos de cerca", dícese de aquellas personas que a cierta prudencial distancia parecen poseer un elevado atractivo físico pero que en las distancias cortas te hacen plantearte ir al oculista. Como el perro, también son inocentes.

Pero hay seres humanos que no lo son, maestros del disfraz y de la emboscada permanecen ocultos tras una apariencia angelical, justo hasta que dejas a su alcance el quinto espacio intercostal, en el que ensartan un puñal con la frialdad con la que otros cambian de canal, si es que el mando tiene pilas, que ese es otro tema, realmente zapear a veces puede crispar los nervios, ¿por qué nunca compramos pilas para los mandos y siempre ponemos las que se van gastando de otros aparatos?, ¿acaso no son tambien hijos de un Dios electrónico? De manera implacable, el destino trae el día en que te haces estas preguntas.

Estaba hablando de los impostores. Entre ayer y hoy he tenido contacto con uno. A veces te queda la duda, ¿cúal es el de verdad?, piensas que quizá su actitud es fruto de una enajenación transitoria, tratas por tanto de eximirlo de responsabilidad, pero, un momento, ¿y si no, y si el falso era aquel simpático personajillo que nos hacía la vida más agradable? Qué más da. Sólo hay que esperar un poco, subir unos pasos más la cuesta, aguzar el oído, y seguro que escuchas un ladrido que resuelve tus dudas, lo que ni mucho menos significa que seas más feliz. Hoy estoy pesimista, voy a echar un vistazo a páginas de mobiliario de oficina...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Y digo yo, has pensado que quizás era un gato que sabía idiomas? o un perro que en el fondo de su corazón anhela ser gato. Y piensa esto también, realmente existe la gente falsa? o sólo la gente que no se muestra al completo?
Si hay algo de lo que el ser humano no puede escapar es de ser uno mismo, por eso, aunque la mala persona se muestre angelical cuando nos tiene delante y a nuestras espaldas sea la encarnación del mal, sigue siendo la misma persona. Esa faceta hipócrita es una de sus características, es su forma de ser, por tanto no es tan falso.
Piensa esto también, cuando estas triste y te presentan a alguien, le saludas con una sonrisa o recibes la mano que te alarga con lagrimas en los ojos y contandole todos tus problemas? Es uno falso por ocultar parte de su persona?
Yo jamás en la vida me he mostrado al completo (creo) y no me considero una persona falsa.
Quede dicho esto para reflexion de la autora y de los lectores de este Blog surrealista y gaditano.
Sigue asi Conchi, que crezca la criatura ;-)

Aguete dijo...

Tiene usted toda la razón, el ser humano es complejo, los perros no, por eso son inocentes. Tan sólo en una cosa no estoy de acuerdo: el no mostrar malestar al saludar yo lo considero una cuestión de educación, asi no obligas al interlocutor a interesarse por tu estado de ánimo, que en realidad le trae sin cuidado. Muestra usted, sin embargo,un alto grado de urbanidad y buenas maneras al no ser partidario tampoco de ese exhibicionismo emocional que es sin duda uno de los males de nuestro tiempo. Siempre el ser humano ha sido morboso y cotilla, pero antes al menos costaba cierto esfuerzo enterarse de los secretos de los demás, ahora los protagonistas encuentran un extraño placer en mostrar sus interioridades de forma obscena.
Dejando estas disquisiciones aparte, si uno juega al póker sabe que hay una sustancial diferencia entre no mostrar las cartas y tirarse un farol, todos lo hemos hecho alguna vez, pero a la larga sabemos que ser farolero sistemáticamente hace que seas considerado un jugador mediocre además de previsible. Incluso en un juego tan deshonesto como la vida hay que conservar cierto honor, o no, es sólo mi opinión.

Anónimo dijo...

Bueno.....ocurre con frecuencia....a veces vemos gatos que parecen perros...o con poca luz gatos que no son pardos aunque lo parezcan.....o quizas el problema esta en que nos falla la vista......o quizas en que vemos lo que queremos ver.......en fin, todo un laberinto. quizas..antes de decidir, apostar, garantizar, prometer o simplemente discutir, abria que asegurarse unos minimos.....or ejemplo si merece la pena averiguar si es perro o gato.....o esperar a estar mas cerca...o simplemente no juzgar las cosas por lo que se oye, parecen o dicen.....eso se llama creer en lo que se ve. y si no se sabe, pues se observa y se arende......se cometen menos errores y ademas se cumple el dicho......o los dichos, mejor dicho....jajajajajajajel habito no hace al monge...mas se aprende por lo que se oye que por lo que se habla....o...si uno no sabe que hacer, lo mejor es quedarse quieto..ah..peor es encontrarse un lobo con piel de cordero.