lunes, 3 de diciembre de 2007

La cara más lisa que el Pocoyó

Todo empezó aquella tarde en la que recopilamos todas las pamplitonterías que habitualmente nos decimos, y no se me ocurrió nada mejor que decirle a Connie (it's so hard to be Connie...) que las recopilara en una cosa de estas modernas de internet que se llaman blogs, de manera que además se retroalimentarían a sí mismas y a nuestros enfermos egos. Dicho y hecho, la idea caló en la mente de nuestra aventurera amiga, no sin antes arrancarme la promesa de colaboración, que hoy mismo empiezo a cumplir en forma de entrada en este diario no cronológico, o sí, tú sabrás.

Vale, lo del Pocoyó...Estábamos mirando juguetes para las hijas de no se quién y allí estaba, desconocido para mí, tan simplito, con sus amigos, entre los que hay un elefante rosa, y lo siento, he visto Dumbo y además me gusta, por lo que para mí Pocoyó siempre será un muñeco un tanto etílico. Pero ese no es el tema, lo que nos ocupa es que a la señorita le pareció poca cosa, simple, casi tan patético como el adyacente muñeco del cáncer de hígado, una especie de pera naranja con cabeza y brazos que había al lado (hola, cómprame, tengo cáncer...). Y ahí se quedó la cosa, aunque yo protesté amargamente por el desprecio con el que trató al pobre muñeco, tan obvio...A mí me gusta lo obvio, soy obvio. Pero resulta que no se trataba de un simple juguete, sino que es el protagonista de una razonablemente exitosa serie de TV y de toda una línea de merchandising, que incluye además el Pocoyó ferroviario, que con mi obviedad y perspicacia habituales yo califiqué como "el pocoyó con la gorra del barça".

Claro, ya todo cambió, ahora el peluchito era gracioso y simpático, símbolo de todo lo que en este mundo merece preservarse y ser transmitido a futuras generaciones...Una vez más los criterios de Connie se habían erigido en los sólidos pilares que mantienen una trayectoria basada en la más incorruptible coherencia.

¿Cuánto durará el blog? Con semejante personaje al frente quién lo sabe, esperemos que sea eterno como los valores que lo inspiraron. Queda pues inaugurado. Roma invicta est!

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