Este fin de semana ha ocurrido algo curioso: un castillo hinchable ha salido volando debido al viento, nada reseñable salvo el pequeño detalle de que estaba lleno de niños. No pude evitar pensar en Dorothy, en Kansas, en Oz, el camino de baldosas amarillas, en los enanos macarras que me encantan, cuando se van presentando, en los chapines de rubíes, como el mecanismo de Sekito (aún no he hablado de Sekito), en la profundísima decepción que supone descubrir que el todopoderoso mago es un tío con un megáfono, en las maravillosas y falsas enseñanzas de que todos tenemos potencialidades en nuestro interior que están ahí, esperando aflorar como un puto geiser, en la música de la peli, que me gusta, en ese color pastoso, cuasi expresionista, vaya, que igual me la pongo esta noche. Por lo visto todos cayeron a tierra, sin más consecuencias que algunas magulladuras, ninguno pasó a ese mundo de pastiche y mentiras de Oz, en el que las brujas malas son feas y las buenas guapas, como debe ser, y no como en este nuestro mundo, en el que normalmente ocurre lo contrario. Me vienen a la memoria otros mundos imaginarios, como en el que acaba Chihiro, aunque ese para una mente occidental resulta casi tan incomprensible como una letra de Los Planetas, admirables sin duda. Hay muchos mundos, pero como dicen, todos están en éste.
Mundos ignotos, como uno poblado de caras y gatetes, en el que las cosas no ocurren si no te gustan, el hijo de Lord Hamilton te mira de manera inquietante, ir a comprar el desayuno es un deporte extremo, en el que se rivaliza con Fleming investigando qué tipo de hongos medran en un par de donuts, de patitos de goma y seguidores sordos del Athletic, de guías Michelín y colecciones musicales en las que en los chill out se escucha metalcore, de tipos raros a la puerta de un supermercado, de paseos marítimos y monetas chinas, de playas en tu propia terraza, de pan de leche recuperador y fijador estilo alborotado, mundos en los que el tiempo parece detenerse acogedoramente, el refugio perfecto para un náufrago de casi todo salvo de ese mundo, un mundo por el que Saint-Exupéry hubiera mandado a la mierda al principito, al planeta, a la serpiente y al elefante, al que me encanta volver, y lo haré mientras el guardián de las llaves me deje pasar...
8 comentarios:
Otro giro al blog y otra pedazo de entrada, vaya nivel que se está alcanzando!..
Es un mundo extraño, pero tal y como lo describe el autor/a, parece muy ideal y atrayente.
Lo dicho: envidiables que sois!
Arte, recuerdos, presente, emoción, pálpito, lagrimitas buenas, un gracias en mayúsculas, una gran sonrisa...y sin palabras.
No es que yo sea crítico escritor ni nada por el estilo..pero, joder, qué bien escrito está!!...y realmente transmite energía positiva y ganas de estar en un mundo así...suerte que tienes escritor o escritora de viajar a algo así.
Este blog se sale!
Ahora entiendo porqué los autores de este blog no demuestran la mala leche que suelo tener yo...joder, así da gusto!...y Oz era una tontería comparado con ese mundo desconocido.
Felicidades
He leído varias entradas, pero esta es una de las que más me han gustado. Por el título, es una dedicatoria especial...y es que leído lo que se ha leído, debe de ser muy especial.
Enhorabuena por tener a alguien así.
Vaya homenaje más bueno. Un gran escrito!...enhorabuena!!
Maravillosos mundos. Yo estuve detrás de Kirk Douglas mientras saltaba remo sobre remo de su barco vikingo, viajé con los argonautas y Jasón y me colé en el Monte del Diablo para el encuentro en la tercera fase. Me perdí en los jardines de El Bosco, tuve miedo cuando Saturno devoró a sus hijos y Goya lo vio. Estuve una noche con Bukowski...suficiente. Encontré a Pedro Páramo...lo siento, Juan Preciado. Aluciné escuchando a Cypress Hill, R.E.M., Iggy Pop, Purjaus (Poorhouse)…una caricia y un guiño de ojo me transportó; la tosta de anchoa, aceite de oliva y aguacate...mmmm...maravilloso mundo.
Como han dicho por ahí, lo repito:
ENVIDIABLE.
PD.: Eso es escribir bien y lo demás son tonterías.
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