viernes, 20 de junio de 2008

Perder

- No entiendo tu actitud, sinceramente, no sé qué te pasa, llevas todo el día a kilómetros de mí, lo mejor va a ser que me vaya ahora mismo.

Ella estaba sentada en la mesa de la cocina, él entre sus piernas abiertas, con sus manos descansando en las rodillas, mirándola a los ojos, percibiendo su distancia, su decepción. Se quedó un largo rato mirando sus labios, esperando una negación, una petición, pero no se movieron salvo para devolverle el beso que realmente no sabía a fin, aunque estaba tan claro como los duros ojos que miraban los suyos que era el último. Así que no le quedó otra cosa que hacer que irse. Su compañera no le había dado la réplica para representar correctamente aquella obra de despedida que apenas acababa de idear unos minutos antes, aún con ello pensó que no había quedado del todo mal, supo improvisar una retirada digna, y sobre todo agradecía que la cosa no hubiera derivado hasta tomar la tediosa senda del melodrama. Cogió sus cosas y atravesó la puerta, sintió primero el golpe del sol en su cara, que en aquellos días ya caía despacio y duro, y después el de las patas del puto perro en su pecho, acompañado de la repulsión que le provocaba el animal.

- Ésta también es la última vez que me ladras cabrón.

Cerró la cancela exterior y se encaminó hacia la estación sintiendo a partes iguales oleadas de alivio y soledad, el primero se fue quedando por el camino, pero la segunda quiso acompañarle, lo que le hizo centrar su atención en el hecho de que él no habría dejado que ella se fuera sola, y en ese momento su abandono en las calles de la semidesconocida ciudad le pareció el mayor agravio posible, imperdonable, insuperable, hasta que el sudor empezó a brotar de su frente y todo aquello empezó a tornarse la enésima tontería en que pensaba aquel absurdo día, que empezaba a terminar en el mugriento bar de una pequeña estación de autobuses, en algún lugar de la costa.

Ponían un partido en la tele, el último de la temporada, un plasma, lo que realmente le sorprendió, no acababa de encajar en la decoración, o la ausencia de la misma mejor dicho. Una barra pequeña que aproximadamente a la mitad se convertía mágicamente en el mostrador de un ultramarinos, como en los bares de barrio de su ciudad, pero allí ya no quedaban, una sola mesa de plástico cortesía de una marca de refrescos con su par de sillas a juego, unas paredes alicatadas a la mitad, que un día fueron blancas, con alguna maceta colgando tal y como aparecía en una foto un pez de la mano del tipo que ahora le ponía delante un café, más viejo, más cansado, como todo el bar, toda la estación, como incluso, sobre todo, él. Aún quedaban tres cuartos de hora para que saliera cualquier autobús, de manera que aquello estaba vacío todavía de domingueros de bañador, sandalias y mochila de vuelta a sus pueblos y ciudades de interior, rojos, aceitosos y salados, como un tomate abierto en un plato, listos para que de ellos no quedara nada en el pequeño pueblo de la costa.

El café estaba realmente caliente, pero se lo tomó de dos tragos mientras comprobaba que los jugadores de uno de los equipos de la tele lamentaban el no haber subido a primera, aunque de haber sido así los hubieran echado a casi todos, cambiándolos por flamantes peloteros de mejor calidad que habrían hecho que el equipo bajara a segunda de nuevo, un bucle infinito que afortunadamente durante el verano se detiene, como casi todo, menos el transito de seres humanos, que ahora ya sí, iban invadiendo la mitad del bar que era bar, la mitad que era tienda, la oficinucha que hacía de taquilla, andenes y aceras cercanas.

El día anterior estaban tan bien, todo era placer sosegado, promesas, suave dulzura, y ahora estaba abandonado, sudoroso, con la lengua quemada, rodeado de seres extraños que le observaban con el recelo del grupo que mira al distinto. Sin embargo eran dos perfectos extraños cuando se despertaron aquel brillante domingo. Qué coño les había pasado, qué incomprensibles procesos habían tenido lugar mientras dormían para que de pronto ella no quisiera que él estuviese allí y el quisiera largarse de inmediato. Móvil.

- Sí, muy bien. No, un desastre. Para casa ya, en una hora y algo estaré por allí, ya te contaré, luego te llamo que voy a subir al bus.

Pero qué iba a contar, si ni él mismo lo entendía, sintió la necesidad de hacer una encuesta, preguntarles uno a uno a aquellos tomates con patas que le circundaban si alguno era capaz de explicárselo, pero sus caras le decían que no sin necesidad de interrogatorio alguno, todas salvo una...

- Esther, holaa, qué haces aquí...

La soledad le decía adios con la manita desde el andén, pero él no pudo verlo porque estaba demasiado ocupado pareciendo encantador para su inesperada compañera de viaje. Tampoco pudo oir cómo un desconsolado locutor lamentaba el fracaso al intentar ascender de un equipo que de todos modos siempre había sido grande y que prometía volverlo a intentar la próxima temporada, llena de esperanzas y promesas, como los ojos de Esther.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Demasiado triste para este blog, sin duda, aunque muy bien escrito, eso sin duda en mayúsculas.
Gracias pareja

Anónimo dijo...

Uf, relato duro a la hora de irse a dormir, aunque contado desde un punto de vista de la esperanza, la paz y la tranquilidad. Que eso es duro!.
Buenas noches para ambos

Anónimo dijo...

Una duda, que espero no parecer cotilla, pero a estas horas, qué mas da!...esto es ficción o entrada de las vuestras reales??. Gracias de antemano y un saludo pa los mejores blogeros!

Anónimo dijo...

Que bonito joder!!pues a mi no me parece triste,si no todo lo contrario: las ganas de huir a algo que seguro es y será siempre mucho mejor.
Igual se me ha ido la olla jaja.Pero lo que seguro es que es un pedazo de escrito
Enhorabuena escritor o escritora, genial

Anónimo dijo...

BUENISIMO
DE VERDAD
LOS MEJORES

ME

SEGUIS

SORPRENDIENDO

CADA VEZ MAS

Anónimo dijo...

OOOOOOOOOOOOh, qué sorpresa tener una entradita por aqui!!!...un fondo triste, como dicen por aquí,pero da sosiego su lectura, no se porqué.
Vuestros relatos se salen,tienen un gusto de realidad genial.
Saludos parejita

Anónimo dijo...

A veces parecen que nos empeñamos en vivir cosas que en el fondo no nos gusta, no nos atrae,pero no conseguimos salir de ese laberinto. Todo esto me transmite esta entrada, al igual que pensar que quizás en lo cotidiano, lo que nunca valoramos, está la felicidad, que nos va pasando mientras nos empeñamos en buscar algo más.
Gracias por seguir ahí

Anónimo dijo...

Seguro que todos estáis esperando el partido, pues yo no, yo esperando ver una entrada nueva y mira por donde!jajaja.
Vuestro blog se sale, arte por todos lados y materias.
Gracias de verdad
Saludos oscuros

Anónimo dijo...

No sé qué opinar sobre lo que transmite esta entrada, porque tiene para mí cosas contradictorias: tristeza, odio, alegría, ganas de huir, estabilidad, tranquilidad, amor...Joder,como pareja no os aburrís, verdad?
Saludos sin malhumor hoy!

Anónimo dijo...

Parece que habéis hecho caso por aquí a las peticiones!jajaja. Ahora toca la película, jajaja. En serio, sois los mejores, me encanta poder seguir leyendoos, por escrito os salís, de verdad, grandes relatos.

Anónimo dijo...

Después de un fin de semana como otro cualquiera, da gusto pensar que el mejor momento es tener un café helado en la mano y una entrada como esta delante.
Gracias por ser tan grandes artistas

Anónimo dijo...

Ole, esto se anima, escribiendo entradas a cada cual mejor! y eso que es triste y tal, pero digo yo, si es ficción, qué más da! lo importante es que nos hacéis disfrutar

Anónimo dijo...

ARTISTAAAAAS, OEEEEEE, ARTISTAAAAS, OEEEEE...PODEMOOOOS, LEEEROOOOOS,PODEMOS OEEE OEEEE

Anónimo dijo...

Uyyyy, qué hay novedades por aqui!!!genial!!! ya se os echaba de menos,nos tenéis mal acostumbrados. Y cómo no,en un nivel que cada vez lo ponéis más alto. Se disfruta con vuestras novedades, gracias

Anónimo dijo...

Esto es mejor que el partido. Pero la verdad, yo creo que nos despistáis un poco, tengo una ligera sospecha de que os lo pasáis mejor de lo que dice este relato.
Saludos para ambos

Anónimo dijo...

Saludos desde el norte, pero sobre todo deciros que sois los mejores blogeros que leo ultimamente!.
Y la música, de nivelazoooooooo

Anónimo dijo...

Perder, perderemos esta tarde, eso seguro,ja. Pero bueno, siempre nos queda el disfrutar de las pequeñas cosas...es lo que nos decís no?.
Saludos parejita

Anónimo dijo...

esto es digno de ser protagonizado por el genial pocoyó,jajaja.
Un saludo chicos, sois los mejores vosotros

Anónimo dijo...

Tarde extraña, entrada extraña, pero realmente con ganas de seguir entrando por aqui!